Como ya os hemos hecho saber anteriormente en Sarobe nos gusta la calidad, y no solo en nuestras elaboraciones sino también en nuestras materias primas.

A día de hoy son una plaga las panaderías que ofrecen como fresco, pan congelado. Éste suele ser más barato, de mejor aspecto y se calienta al momento. Pero no es oro todo lo que reluce. Estas masas congeladas llevan muchísimos aditivos añadidos (los famosos E320, E321, E300 y un largo etc) que hacen que la calidad nutricional del resultado final no esté a la altura de nuestras expectativas.

La razón de la proliferación de este tipo de panes es sencilla, y el bloguero El Comidista lo resume a la perfección: «Una harina buena es más cara que una harina mediocre; es más barato fermentar rápido y llenar el pan de aditivos y mejorantes que dejar que el pan madure durante horas antes de hornearlo, cuajándose así de los atributos organolépticos de lo que llamamos pan». Exacto. Las masas congeladas dan más beneficio al productor, siempre a costa de la pérdida de calidad de las propiedades del producto.

Sabemos que somos lo que comemos, que debemos cuidarnos al mismo nivel por fuera, y por dentro. Por eso debemos escoger producto autóctono y fresco, que será siempre sinónimo de calidad y salud.