Innumerables investigaciones hasta el día de hoy han confirmado que el azúcar es ‘gasolina’ para nuestro cerebro. Es fuente de energía, y la ausencia de glucosa en nuestro organismo haría que nuestra conexión celular se rompiera. Conclusión: debemos endulzarnos la vida, pero como en todo, con moderación.

Muchos estudios han confirmado que el mejor momento del día para consumir azúcar es por la mañana, que es cuando nuestro ‘reloj de la insulina’ está a pleno rendimiento y procesa el dulce de la manera más eficaz.

Pero, ¿por qué nos gusta tanto el dulce? ¿es cierto que engancha? El azúcar en nuestro organismo eleva los niveles de dopamina, que controlan los centros de recompensa y placer del cerebro de una manera similar a muchas drogas (como el tabaco). Esta “zona del placer” se encarga de ponernos en la disyuntiva: “¿Debo volver a hacer esto de nuevo?” El sistema de recompensas del cerebro siempre nos hace responder “SI”.

¿Cómo controlar entonces la cantidad de azúcar que consumimos? Es imprescindible encontrar el origen de esos azúcares, ya que no solo estamos hablando de pasteles y bollería, si no de salsas preparadas, zumos, platos precocinados y de producción industrial que llevan una importante carga de dulce, a menudo de baja calidad, que habitualmente pasamos por alto.

Debemos evitar este tipo de ingestas y buscar productos siempre naturales con ingredientes poco procesados que nos aporten el dulce que necesitamos como motor de la vida sin dañar nuestra salud.